El principio de precaución es un concepto subjetivo que aboga por la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertas tecnologías o productos puedan suponer un riesgo para la salud pública y el medio ambiente.

El principio de precaución: los científicos lo valoran, la industria de la telefonía móvil lo desprecia

El principio de precaución, según Wikipedia, se define como “un concepto que respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal riesgo“. Por lo tanto, aunque las sospechas son fundadas, el principio de precaución siempre es subjetivo. Esta subjetividad es la excusa a la que se agarra la industria para infravalorar el principio de precaución.

A continuación, os dejamos la defensa que hacen del principio de precaución un grupo de científicos investigadores en el área de los campos electromagnéticos (CEM) en respuesta a un artículo publicado por un grupo de investigadores de la industria de la telefonía móvil. El artículo original fue publicado en la web del Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos (NCBI) en el año 2009.

Foto: oataro


Campos electromagnéticos y el principio de precaución

Desde Galileo, los debates científicos se apoyan en el razonamiento lógico y en hechos constatados, no en citar “autoridades”. Por consiguiente, la literatura sirve, o debería servir, a dos propósitos: dar crédito a los pensamientos expresados anteriormente por otros y a la declaración de hechos constatados.

El artículo de Dolan y Rowley (2009), empleados de la industria de la telefonía móvil, es un ejemplo de una recopilación de puntos de vista manifestados por las autoridades. Ningún número de referencias a afirmaciones de las autoridades puede reemplazar al discurso científico. El artículo se puede resumir así: no existe una evidencia convincente de daño por exposición a microondas por debajo de los niveles recomendados por la  por lo tanto, no hay daño. Como no hay daño, la aplicación del principio de precaución no está indicada.

De hecho, el principio de precaución no pretende ser una solución a los temores infundados de la gente o para aspirar al riesgo cero, sino una estrategia de gestión de riesgos en caso de incertidumbre científica acerca de la existencia o magnitud de un riesgo. Al parecer, Dolan y Rowley (2009) no son conscientes de que su razonamiento subjetivo no difiere de los temores infundados de la gente y puede resumirse como “percepción infundada de ausencia de daño”.

En principio, las consideraciones éticas, los juicios de valor y el consenso juegan un papel importante como guía de las políticas de salud pública. Esto es porque “es imposible deducir… una propuesta para determinada política de una oración que exprese un hecho dado” (Pooper 1945). El uso de términos subjetivos tales como “evidencia suficiente” (y mucho menos “evidencia convincente”, ¿convincente para quién?) o “efecto adverso” es inevitable. Refiriéndose a la Organización Mundial de la Salud (OMS 2000), Dolan y Rowley (2009) dicen: “El consejo correspondiente a los gobiernos es adoptar directrices basadas en la ciencia y no socavar la confianza incorporando factores adicionales de seguridad arbitrarios”. La expresión “directrices basadas en la ciencia”, si se toma literalmente, es una contradicción en sí misma. Aunque las pautas de salud pública deben basarse en una evaluación de riesgos exhaustiva, ni la propia evaluación ni el razonamiento que se aplica para derivar una directriz pueden ser científicos. Ninguna evidencia científica puede definir un margen de seguridad; ninguna evidencia científica puede reemplazar el juicio de valor de en qué evidencia confiar, qué evidencia descartar, y así sucesivamente. Los factores de seguridad son siempre, al menos hasta cierto punto, arbitrarios. Por ejemplo, muy pocas veces tenemos evidencia científica sobre la distribución de la sensibilidad a un agente tóxico en la población, por lo tanto, aplicamos factores arbitrarios para tener en cuenta las diferencias interindividuales. Lo que es importante, y casi nunca se hace en el área de los campos electromagnéticos (CEM), es señalar claramente dónde entran los juicios de valor y decisiones arbitrarias en el debate y la derivación de las directrices.

Las normas internacionales para CEM (ICNIRP 1998, IEEE 2006) se basan en los efectos inmediatos de la exposición, como la excitación de células nerviosas o musculares para campos de baja frecuencia y el aumento de la temperatura corporal en campos de alta frecuencia; no porque no haya otros, incluso a niveles muy inferiores a los niveles de referencia derivados de estos efectos agudos, sino porque los grupos de expertos llegaron al consenso de que estos otros efectos no pueden (todavía) constituir la base para la elaboración de directrices. Por ejemplo, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC 2002) clasificó los campos magnéticos a frecuencia de red como un posible carcinógeno humano. En ese caso, la subjetividad de la evaluación es totalmente transparente: las normas básicas del IARC fueron violadas, ya que el comité se preguntó si la evidencia epidemiológica puede ser interpretada causalmente a pesar de la evidencia de que ni la tendencia ni la desviación explican el aumento del riesgo de leucemia infantil. El nivel de exposición para el cual hay evidencia de un aumento en el riesgo de leucemia infantil está muy por debajo de los estándares internacionales, pero los expertos que establecieron el estándar no utilizaron esta evidencia como base para derivar un nivel de guía para campos a frecuencia de red. Seguro que había muchas razones que apoyaban esta decisión. Sin embargo, ninguna es científica. Esto no es un reproche. Reconocemos el hecho de que las directrices no pueden derivarse de declaraciones científicas solamente.

Sería mucho más apropiado si Dolan y Rowley declararan expresamente que están totalmente satisfechos con las normas internacionales y que la industria no quiere ser molestada con alusiones a la precaución.


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Artículo original en inglés: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2801197/

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